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Mirar con nuevos ojos

Redescubrir un destino

11 enero 2019

Renovarse positivamente es también cambiar los espacios que habitamos y eso es algo que tuvo en cuenta Ángela Jiménez para escoger su lugar de residencia actual. Estos cambios favorecen el bienestar emocional de las personas ya que si consideran que son mejores, sea porque son más tranquilos y seguros, tendrán una vida más placentera.

Ángela ha tenido la oportunidad de vivir dos facetas opuestas de Nueva York. Antes, como estudiante; ahora, en su etapa de madre y profesora. Un cambio de perspectiva marcado por los contrastes y algo de nostalgia.

En 1997, Ángela Jiménez aplicó a una beca para realizar una maestría en Administración pública en la Universidad de Columbia en Nueva York. No solo fue una cuestión de formación. Fue, en realidad, una cuestión de vida. La ciudad la encantó. Junto a sus compañeros de estudio, que se convertirían en grandes amigos, disfrutó, a más no poder, de las luces, la gente, la música y el teatro. Quizás, no se imaginaba que, años después, tendría la oportunidad de redescubrir este lugar.

Al terminar su maestría, trabajó durante un año y medio en una ONG y así cumplió el tiempo ofrecido por el gobierno estadounidense para estudiantes extranjeros. Tras esta etapa, regresó a Colombia.

Sin embargo, en 2007 se casó con un estadounidense, compañero de su maestría, y, dos años después, retornó al país norteamericano con sus dos hijas pequeñas. Se fueron a vivir a Grafton, a tres horas y media de Nueva York, donde trabaja actualmente como profesora de un centro infantil.

“Ahora, vamos a Nueva York a los centros comerciales, a eventos o a realizar compras, pero ahora es muy diferente: debemos pensar en las niñas”, comenta Ángela, quien ahora tiene la oportunidad de vivir otra faceta de la ciudad.

Es una experiencia de contrastes. En su época de estudiante, era osada, disfrutaba del presente, del agitado ritmo neoyorquino. Hoy, esta visión ha cambiado: pensando en sus hijas, puede convertirse en un espacio de caos y de peligro. Por su parte, en Grafton el costo de vida es mucho menor y todo es muy tranquilo: viven rodeados de granjas y cultivos, no pasa nada si dejan los hogares y automóviles sin seguro. Allí encontraron un lugar fantástico para la crianza de sus hijas.

Aunque también hay un espacio para la nostalgia. Mientras Ángela estuvo en Colombia sucedió, en 2001, el atentado contra las Torres Gemelas. Cuenta que uno de sus sitios favoritos mientras vivió allí fue uno de los bares ubicado justamente en las Torres. Con tristeza, recuerda que algunos conocidos fallecieron. Cuando volvió a la ciudad notó el cambio.

“Me gusta conocer un sitio y luego regresar. Nunca es lo mismo, el tiempo pasa y cambia todo alrededor”, señala Ángela, quien experimenta una sensación similar cuando viaja a Colombia. Por ejemplo, cuando va con su familia de paseo a Cartagena: regresar implica darse cuenta de cómo ha cambiado la infraestructura, la forma de vida, el clima, la gastronomía, la moda…

No en vano, alguna vez Marcel Proust dijo que “el único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos”. Es decir, que, en esencia New York no ha cambiado, sino que ha sido Ángela y su estilo de vida son los que se han modificado y por eso, ella se adaptó a otro lugar donde ahora vive con su familia con más tranquilidad y bienestar.

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