
La incontinencia urinaria (IU) es la pérdida involuntaria de orina que constituye un problema social o de salud. En la población general de 15 a 64 años, la IU afecta aproximadamente al 1,5%–5% de los hombres y al 25%–57% de las mujeres. La incidencia entre las mujeres jóvenes es del 25%; en mujeres de mediana edad y posmenopáusicas, del 44% al 57%; y en mujeres mayores, del 75%.
La IU forma parte de los grandes síndromes geriátricos. Tiene una elevada prevalencia en la población mayor (especialmente en los mayores frágiles y con una alta complejidad médica), con unas importantes repercusiones (clínicas, psicológicas, económicas, sociales y familiares), lo que provoca un deterioro significativo en su calidad de vida.
Para justificar la elevada prevalencia de la incontinencia en la población mayor, se concede una gran responsabilidad a las comorbilidades (patología neurológica, urológica y osteoarticular), al deterioro funcional (físico y/o mental) y a la polifarmacia. Es importante destacar que los fármacos desempeñan un papel etiológico considerable en la pérdida de la continencia urinaria, especialmente en el paciente mayor frágil, lo que puede obedecer a distintos mecanismos.
La incontinencia se asocia con disfunción sexual y otros efectos adversos sobre la calidad de vida. Datos limitados sugieren que la incontinencia progresa en aproximadamente un tercio de los pacientes y remite en alrededor del 10% al 15%, aunque no está claro en qué medida la remisión refleja intervención o mejora en el estado funcional o médico.
Lo importante es poder diferenciar la IU de una dependencia psicológica o física, de una patología orgánica o de una fragilidad, y debe detectarse tras un estudio general que puede requerir la experiencia de un geriatra. De esta diferencia dependerá la actitud terapéutica.

Tipos clínicos de incontinencia urinaria
Clínicamente, podemos clasificar la incontinencia según las características que acompañan a los escapes de orina.
Incontinencia de urgencia: Cuando los escapes de orina van precedidos de una necesidad imperiosa de orinar.
Incontinencia de esfuerzo: Los escapes de orina se precipitan por maniobras que aumentan la presión intraabdominal (tos, risa, esfuerzos, estornudos, etc.)
Incontinencia mixta: La fisiopatología se explica mediante una combinación de causas de urgencia y esfuerzo, lo que significa que los pacientes experimentan pérdidas involuntarias de orina tanto ante esfuerzos físicos como al sentir una necesidad repentina e incontrolable de orinar. Es el tipo de IU más común en mujeres mayores. Los síntomas incluyen fugas involuntarias asociadas con la urgencia y con actividades de esfuerzo como estornudos y tos. Debido a su naturaleza multifactorial, el abordaje de esta condición debe ser integral, combinando estrategias farmacológicas y no farmacológicas para mejorar la calidad de vida del paciente.
El abordaje de la incontinencia urinaria depende principalmente de dos factores: el grado de manifestación de los síntomas que presenta el paciente y su efecto en la calidad de vida; y el tipo de IU con el que se trate, el cual se especifica mediante diversos estudios urodinámicos (UDS). Las posibles intervenciones de la incontinencia urinaria comprenden la regulación de la ingesta de líquidos, el entrenamiento de la vejiga, el entrenamiento de los músculos del piso pélvico (PFMT) y la biorretroalimentación.
El entrenamiento de la vejiga tiene como finalidad ayudar a los pacientes a aumentar el intervalo entre la micción (vaciamiento de la vejiga) y la capacidad de la vejiga. Los pacientes pueden realizar micción cronometrada y utilizar técnicas como ejercicios de Kegel para suprimir la urgencia. Otro tipo de tratamiento de primera línea es la terapia conductual; si esta no logra los objetivos del paciente, existen tratamientos adicionales para el manejo y el control de los síntomas de la IU. Como segunda línea se tienen los tratamientos farmacológicos y quirúrgicos, los cuales son más invasivos para el paciente y usualmente implican un mayor periodo de recuperación.
Rol del tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico es una de las opciones clave en el manejo de la incontinencia mixta, especialmente en aquellos pacientes en los que la incontinencia de urgencia es predominante. Algunas de las principales opciones farmacológicas incluyen:
Anticolinérgicos: Medicamentos como la oxibutinina, solifenacina y tolterodina ayudan a reducir la hiperactividad del músculo detrusor, disminuyendo la urgencia urinaria y la frecuencia miccional.
Agonistas beta-3: Fármacos como mirabegrón relajan el músculo detrusor, aumentando la capacidad de la vejiga y reduciendo la incontinencia de urgencia sin los efectos adversos anticolinérgicos.
Estrógenos tópicos: En mujeres postmenopáusicas, el uso de estrógenos vaginales puede fortalecer el epitelio uretral y mejorar la función del esfínter urinario, reduciendo los síntomas de incontinencia de esfuerzo y urgencia.
Duloxetina: Un inhibidor de la recaptación de serotonina y noradrenalina que puede mejorar el tono del esfínter uretral interno, siendo útil en casos donde predomina la incontinencia de esfuerzo.
Si bien los fármacos pueden ser efectivos, su uso debe ser individualizado y supervisado por un profesional de salud para minimizar efectos secundarios y maximizar los beneficios.

Rol del tratamiento no farmacológico
El tratamiento no farmacológico juega un papel fundamental en el abordaje de la incontinencia mixta, especialmente en los casos en que se busca evitar los efectos adversos de los medicamentos, particularmente en pacientes con síntomas leves a moderados. Entre las estrategias más utilizadas se encuentran:
Ejercicios del suelo pélvico: También conocidos como ejercicios de Kegel, ayudan a fortalecer los músculos del suelo pélvico y mejorar el control urinario, principalmente en la incontinencia de esfuerzo. Al aumentar el volumen de los músculos, se elevan los órganos pélvicos, se cierra el hiato elevador, se reduce la longitud pubovisceral y se eleva la posición de reposo de la vejiga. Todos estos cambios morfológicos contribuyen a la mejora del soporte estructural de la pelvis.
Terapia conductual: Incluye técnicas como el entrenamiento vesical y la micción programada, que pueden reducir la frecuencia de episodios de incontinencia y mejorar el control urinario.
Modificaciones en el estilo de vida: La reducción del consumo de cafeína, alcohol y comidas irritantes; así como el control del peso, pueden disminuir la presión sobre la vejiga y mejorar los síntomas.
Fisioterapia del suelo pélvico: La terapia con biorretroalimentación y estimulación eléctrica puede mejorar la coordinación neuromuscular y reducir la hiperactividad vesical.
Dispositivos de soporte: El uso de pesarios en mujeres con debilidad del suelo pélvico puede ayudar a sostener la uretra y reducir la incontinencia de esfuerzo.
El abordaje de la incontinencia mixta debe ser integral y personalizado, combinando opciones farmacológicas y no farmacológicas según las características de cada paciente. La combinación de ambas estrategias permite mejorar significativamente la calidad de vida y la autonomía del paciente, minimizando el impacto de la incontinencia urinaria en sus actividades diarias. La supervisión médica y el trabajo interdisciplinario son clave para lograr un tratamiento exitoso y adaptado a las necesidades individuales.

Referencias
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Abdel-Fattah M., et al.: Single-incision mini-slings for stress urinary incontinence in women. N Engl J Med 2022; 386 (13): pp. 1230-1243.
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